Aquí estamos tú, yo y de fondo la reportera del telediario. A día de hoy me es imposible recordar cuando nos conocimos… hace más o menos 70 años. Quién lo diría, ¡Toda una vida juntos! Sé perfectamente cada paso que has dado en tu caminar, cada error cometido y cada alegría vivida. Sé que en este tiempo siempre hemos sido felices juntos, hemos discutido como todas las parejas; pero estoy seguro que ninguna de ellas puede saber, con la precisión que poseemos nosotros, lo que el otro está sintiendo en cada momento. Hemos compartido una cama, en la que pocas cosas se han hecho, aparte de pasar horas hablando y riendo. Ahora estamos aquí, te miro y sonrió. Nadie en esta vida puede hacerme sentir tan feliz con su presencia. Observo mí alrededor y veo muchas fotos nuestras, nuestros viajes, nuestras fiestas, nuestra felicidad. Pese a ello, yo no soy el amor de tu vida, ni tú el amor de la mía. La gente lo sabe. Sabe que nuestro amor es diferente al del resto de las parejas. Está claro que nunca hemos querido complacernos sexualmente y las personas me han preguntado que “¿Cómo no te he dejado hace tiempo?”. Ambos sabemos que ese placer sexual lo hemos encontrado en otras personas y es evidente que siempre hemos estado juntos, porque no sabemos vivir el uno sin el otro. Hemos tenido otras relaciones pero, por un motivo o por otro, nunca hemos perdido el contacto. Y ahora estamos aquí. Me aterra el mañana. Ambos somos ya mayores y antes o después uno abandonará este mundo. Esto es así, pero prefiero ser yo el que se vaya primero, no soportaría vivir sin ti. Sería demasiado duro después de tantos años juntos. No te preocupes. Si soy yo el que se va… estaré allí arriba, mirándote, protegiéndote en cada acto. Pero también estaré colocando unas sábanas. Unas sábanas para nuestra cama. La misma en la que hemos dormido estos últimos años, la misma que nos ha visto envejecer. Esa misma cama, la tendré preparada para ti. Para seguir compartiendo momentos, más allá de la vida.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Silencio en el corazón
Podrían callar mis labios,
Dormir mis oídos ante tu voz,
Estremecerse mi piel con la tuya
Y reír de pena mi boca.
Podrían callar mis labios
Para así temblar mi cuerpo,
Al escuchar tu nombre
En el crepitar de las olas.
Para así temblar mi cuerpo,
Al escuchar tu nombre
En el crepitar de las olas.
Podrían callar mis labios,
Evaporarse el agua del océano,
Y ceder las fotos su color
Ante el paso del tiempo.
Podrían callar mis labios,
No dirigirte palabra alguna,
Pero de poco sirve un silencio
Cuando el corazón está en guerra.
Podrían callar mis labios
Y con ellos, forjar
Un sepulcro de silencio
Donde el amor quede inerte.
Podrían callar mis labios,
Mas vivo o muerto
En mi ser retumbaría
“te amo”, “te amo”.
Evaporarse el agua del océano,
Y ceder las fotos su color
Ante el paso del tiempo.
Podrían callar mis labios,
No dirigirte palabra alguna,
Pero de poco sirve un silencio
Cuando el corazón está en guerra.
Podrían callar mis labios
Y con ellos, forjar
Un sepulcro de silencio
Donde el amor quede inerte.
Podrían callar mis labios,
Mas vivo o muerto
En mi ser retumbaría
“te amo”, “te amo”.
sábado, 3 de marzo de 2012
La verdad de vivir
La conozco desde hace tiempo. He podido ver cómo va destruyéndome en cada persona, como me elimina llegada cierta edad. Ella hace que tengas que justificar tus actos, que tengas que cumplir con cada promesa. Pero también es capaz de atormentarte si realizas actos que no cumplen su moral. Realmente estoy asustada. Poco a poco, va retirándome de las personas. Yo, que únicamente os hago la vida más sencilla, sin preocupaciones, sin tener que responder ante los actos que realiceis ni ante las consecuencias de estos… quedo relegada a un segundo plano. Sé que mi vida es efímera, como también sé que mi muerte ha de llegar… por eso aquí estoy, esperándola… expectante a que venga por mí. Parece que oigo sus pasos, son lejanos, pero pronto serán fuertes y punzantes. Incluso puedo ver el reflejo de su voraz cuchillo. Más, ¿Qué puedo hacer? Me siento inútil. Noto como se aproxima, mi tiempo se agota, al igual que acabarán las risas, las tardes de juego y la típica frase de “son cosas de niños”. Aquí está, la oigo respirar. ¡Me ha visto! Definitivamente, este es mi fin. Percibo el frío acero sobre mi piel, punzante. Poco a poco se hunde en mi pecho. Llega mi final y ella volverá a transformar a otra persona, la hará aburrida y su vida será insulsa. Me cuesta respirar y mi corazón a penas late. Solo quiero que no me olvides, que me recuerdes y tengas presente como era tu vida conmigo. Dentro de unos años mirarás hacia atrás, cuando ella te controle por completo, y dirás “¿Porque me abandono aquel día?”. Ya me parece ver mi esquela… “Aquí yace la inocencia, rogamos una oración por su alma”.
domingo, 5 de febrero de 2012
Dormidos quedaron mis labios,
Los suyos apenas se habían despegado
Y en el cielo, numerosas nubes,
Pintaban nuestro destino.
Cada pupila, apagada.
Cada caricia escondida,
Recelosa ante el miedo
De no ser correspondida.
La paciencia esperaba,
Mientras la incertidumbre
Hacía brotar de cada ventana,
Manantiales de fría agua.
Los segundos aletargados
Se sumaban para ser minutos,
Y estos, juntabanse para crear
La decepción en sumo grado.
Ante esto, el viento cesó,
La calma brotó de su sueño,
Mientras las hojas caduca
Enmoquetaban el pasado.
Y el futuro tembloroso,
Ante el deseo de avanzar
Dio alivio de esperanza
A aquel corazón afanoso.
domingo, 29 de enero de 2012
En un lugar único
Allí continuaba, sin apenas respirar, acostada en su fría
cama. Estaba arropada por las sábanas de franela. Su mirada, perdida en cada
lágrima del gotelé. Y en cada gota un mundo. Su mente traspasaba aquellas
cuatro paredes y se embarcaba en un viaje a un lugar único, maravilloso. Allí estaba
él, esperándola con su taza de café, en la orilla del mar. Las olas, cada vez
que se acercaban, mojaban sus pies. Siempre hallaba paz mirando los verdes ojos
de este, que hacían contraste con el fuerte azul del mar. Silencio, nadie
despegaba sus labios y sin embargo parecía que no callaban. Solo se oía el
crujir de las olas del mar y cada golpecito que el corazón de este hacía en el
cuerpo de la muchacha. La brisa marina se mezclaba con el after shave, y
llegaba a su nariz como una melodía de tranquilidad, de serenidad. Los besos,
al igual que las olas, iban y venían. Uno era correspondido por otro y cada
labio se negaba a separarse de su contrario. El sol, que había calentado su
piel, iba bajando poco a poco, y mientras su calor se apagaba, aquel mundo
idílico se iba con él. La estrella, sobrepasó el horizonte y la oscuridad se
hizo tras su salida. La negrura de la noche impedía ver los verdes ojos de
aquella persona que estaba con ella en la playa. Y esta negrura se fue
fundiendo, poco a poco con la oscuridad de sus pupilas. Cuando se dio cuenta,
había vuelto a su cuarto sin apenas ser consciente. Sabía que existía aquella playa y sabía que él
estaba allí, pese a ello solo había un problema, únicamente la pisará con él,
en el maravilloso mundo de su imaginación.
domingo, 22 de enero de 2012
Esbozos del tiempo
Aún hoy te recuerdo
entre terribles nieblas de olvido.
Aún hoy cuando asumo que te pierdo
y de mi mente no has salido.
Aún hoy te contemplo
aunque mi corazón dolorido,
tenga miedo al paso del tiempo
y no cumpla lo prometido.
¿Por qué tus ojos haya
se adentran en cada sueño profundo,
alejándome de este mundo
y haciéndome arder en tu falla?
Porque deseo
y desespero entre sufrimientos,
que el viento me pose a tu lado
aún hoy cuando presiento tu aliento.
Juan Romero y Carmen Vivancos
21/1/2012
entre terribles nieblas de olvido.
Aún hoy cuando asumo que te pierdo
y de mi mente no has salido.
Aún hoy te contemplo
aunque mi corazón dolorido,
tenga miedo al paso del tiempo
y no cumpla lo prometido.
¿Por qué tus ojos haya
se adentran en cada sueño profundo,
alejándome de este mundo
y haciéndome arder en tu falla?
Porque deseo
y desespero entre sufrimientos,
que el viento me pose a tu lado
aún hoy cuando presiento tu aliento.
Pues golpeo
poco a poco mi mente para que olvide
como tú, ante mis pies postrado,
pegaste tus parpados para siempre.
Juan Romero y Carmen Vivancos
21/1/2012
miércoles, 11 de enero de 2012
Añoranza
Aun hoy te recuerdo entre terribles nieblas de olvido, aun
hoy cuando mis manos arrugadas y frías no soportan el triste bolígrafo que
llora tinta, al igual que tantas noches te he llorado yo. Porque aun hoy
recuerdo tu lacio pelo, tus verdes ojos y tú fina cara. Aun hoy añoro cada
palabra no dicha, cada caricia no dada y cada beso muerto. Conforme te haces
mayor, echas en falta cosas de tu etapa anterior y esperas con recelo el futuro
próximo. Envidias esos saltos que dabas de alegría, esas noches de fiesta y
esas locuras que hice por ti. Ahora ya anciano, estoy cansado de la vida que
cada día me ahoga más sin tu presencia, sin tu aliento, sin tu rostro… porque
nunca estuvimos juntos, por mucho valor que le echara a la vida, por tantas
veces que fui a verte y por cada mirada que cruzaba aquella angosta tienda. El
tiempo ha pasado, sabía que mi piel se arrugaría, que mi voz se marchitaría y
que mis piernas temblarían, pero hoy no tiemblan al verte, tiemblan por vejez.
Siempre desee que mis días acabaran contigo, que tu fueras la persona que
cerrara mis ojos cuando mi corazón dejara de bailar y que fueras la persona que
me echara de menos, pero no todos los sueños se hacen realidad. No sé dónde
estarás, ni si leerás esto, pero mi corazón no te ha olvidado e insiste en
recordarte que aun hoy, te extraño.
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